Rusia eliminó a España y hace historia en su mundial…

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El gran impacto de la historia del fútbol ruso se acaba de producir. En los penales, después de los enloquecedores 120 minutos que tienen los Mundiales desde los octavos de final. Tras un empate 1 a 1 de un partido que no duerme a los espectadores porque ellos tienen otro plan.

Son casi 80 mil rusos que rugen sin parar y celebran las atajadas del arquero Igor Akinfeev con la intensidad que se gritan los goles. Ese es el dato principal: cualquier síntoma de resistencia, cualquier pierna que cruce un disparo, todo cuerpo sólido que se interponga con la pelota, es un aporte a una causa superior. Que España no pueda. Porque si España no puede, Rusia puede tener alguna posibilidad. Llegar al tiempo suplementario fue un primer objetivo cumplido. Plantear la “Defensa del Luzhniki” con los 120 minutos consumidos, fue la gloria. Ganarlo en los penales, el recuerdo eterno para el fútbol ruso. Y cómo esto es fútbol, todo tiene una explicación.

España se atragantó con la pelota. Rozó el 80 por ciento de la posesión. Completó 1006 pases exactos incluido el alargue del partido. Es una enormidad. Un exceso de cómo lo que nace como una premisa de imponer condiciones termina siendo un empacho sin cura. Este Mundial será analizado por expertos y especialistas del deporte. Mirado con lupa cuando se haya terminado. Pero hasta acá, con esta salida de España, con el adiós de la Argentina en la misma instancia, lo que se despide también es la idea de posesión como principio supremo del fútbol. Como el lado absoluto del bien.

España y Rusia jugaron un partido en 20 metros de la cancha. Todos los futbolistas, excepto David De Gea (dicho sea de paso, un arquero que juega en su club con la defensa casi adentro de su área) estaban involucrados en ese ir y venir de la pelota sin mayor logro que limpiar el pase al principio para luego dejar a Diego Costa en medio de un mar de piernas para no poder rematar. Eso con suerte: España llegaba al área y volvía a empezar. Toda la tarde así. 120 minutos de un “loop” casi sin emociones ni disparos al arco.

La paciencia atravesó a las dos selecciones. España para apelar a su memoria emotiva e intentar tejer esa trama que hizo escuela en todo el mundo. Rusia para meter 10 hombres cerca de Akinfeev y apostar por una salida rápida de Dzyuba y Zhirkov si lograban pellizcar la pelota y armar un contraataque. Rusia estaba tan concentrada en su tarea defensiva (el fútbol es de los habilidosos, pero también es las tropas leales) que cuando esa posibilidad estaba delante de sus narices no lograban reconocerla.

España comenzó el Mundial en el fango y ya no pudo salir. El escándalo de su técnico contaminó su juego y fue una expresión futbolística menor. Los vaticinios sobre su poderío terminaron siendo noticias falsas. El equipo perdió su línea de juego y en ese sacrificio hasta Andrés Iniesta se quedó afuera de los once titulares. Su ingreso le dio una pizca de verticalidad a esa posesión, una pequeña brisa de intento de daño. Más de mil pases en 120 minutos para un ahogo futbolístico que pondrá en crisis su célebre sistema. Será cuestión de horas para que quienes le reclaman rebeldía empiecen a hablar de “furia española”. Eso es lo que España pierde. Es mucho.

Rusia sigue porque planteó este partido en términos de batalla. Futbolistas entregados al sacrificio, una multitud que saturó durante 120 minutos los sistemas de sonido del estadio y un combate que España jamás entendió. El árbitro holandés Bjonr Kuipers lo entendió siempre y dejó que el despliegue físico de los rusos se pasara un poco de la raya. Apenas un exceso de ímpetu de los jugadores para no arruinar el momento más glorioso del fútbol ruso. En su casa y con su estilo.

Fuente: Cancha Llena

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