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Silbidos 'atronadores' para los jugadores y ovación a Gallardo

En el adiós de Marcelo Gallardo, el River Plate venció a Banfield, pero el clima estuvo marcado por los cánticos de reproche al plantel y el amor incondicional al Muñeco en el Estadio "Más Monume

Silbidos 'atronadores' para los jugadores y ovación a Gallardo Foto: Gentileza.

El resultado fue lo de menos. En el último partido del segundo ciclo de Marcelo Gallardo, el Monumental habló antes, durante y después del 3-1 ante Banfield. Y el mensaje fue claro: idolatría total para el entrenador más ganador de la historia del club y reprobación masiva para un plantel apuntado por el flojo presente.

Desde la previa, cuando los altoparlantes anunciaron la formación, la mayoría de los futbolistas fueron silbados e insultados. Apenas salieron a realizar la entrada en calor, bajaron los primeros cánticos desde las tribunas: “A ver si nos entendemos los jugadores y la popular…”, “En River Plate hay que ganar y no pensar en qué boliche ir a bailar…” y el clásico reclamo de “Pongan más huevos, pongan más corazón...”.

La silbatina fue generalizada. Solo algunos juveniles quedaron al margen, mientras que nombres como Sebastián Driussi, Paulo Díaz, Marcos Acuña, Kevin Castaño, Matías Viña, Facundo Colidio y, especialmente, Maximiliano Salas fueron fuertemente reprobados. Tampoco se escuchó el tradicional “River, mi buen amigo…”. En su lugar, retumbó un directo “Al jugador: que deje la vida por estos colores” y luego el contundente “Jugadores, la c… de su madre”, síntoma inequívoco del malestar.

En contraste, el estadio se vino abajo cuando sonó el “Muñeco, Muñeco…”. Gallardo recibió una ovación cerrada de más de 80 mil personas. Cada gol fue dedicado al entrenador y celebrado con su nombre como bandera. Incluso tras el empate parcial de Banfield, cuando los futbolistas se retiraron al vestuario en el entretiempo, los silbidos volvieron a dominar la escena.

En el complemento, los tantos que sellaron el 3-1 apaciguaron momentáneamente el enojo, pero la grieta entre tribuna y plantel ya estaba expuesta. El ingreso de algunos jugadores volvió a despertar chiflidos y dejó en evidencia que el conflicto no era circunstancial.

El cierre fue una postal emotiva: todo el Monumental coreando “Muñeco, Muñeco…” y luego “Gallardo es de River, de River no se va”. El entrenador saludó primero y se retiró bajo una lluvia de aplausos. Detrás, los jugadores caminaron hacia el túnel otra vez entre silbidos. Una despedida que dejó en claro que el amor por el DT permanece intacto, pero la paciencia con el plantel se agotó.